El caso de “Kurikancha - Plaza de la Vida”, muestra cómo los principios de la Economía Social y Solidaria (ESS), reconocidos en el artí culo 283 de la Constitución ecuatoriana de 2008 y desarrollados en la Ley Orgánica de Economía Popular y Solidaria (LOEPS) del año 2012, se expresan en una experiencia concreta. En este espacio se promueven la soberanía alimentaria, el trueque, la construcción colectiva de conocimientos, la producción agroecológica y las prácticas rituales comunitarias, vinculadas a valores como la reciprocidad, la autogestión y el respeto a la naturaleza. Sin embargo, llevar estas prácticas al marco formal de la ESS no ha sido sencillo. Kurikancha ha enfrentado dificultades para ser reconocida dentro de este marco institucional, debido a exigencias legales que no siempre se ajustan a formas organizativas ancestrales y comunitarias.
Esta tensión, muestra una diferencia entre el espíritu transformador de la legislación y su implementación burocrática, que tiende a privilegiar estructuras con personería jurídica, balances contables certificados y mecanismos de control financiero incompatibles con la lógica campesina e indí gena. Como resultado, espacios como Kurikancha quedan fuera del acceso a fondos públicos, redes oficiales de comercialización o programas estatales de acompañamiento, pese a ser ejemplos vivos de una economía alternativa. Aun así, el colectivo ha mantenido su autonomía y ha desarrollado mecanismos propios de autorregulación, comercialización justa y pedagogía comunitaria, mostrando que existen otras formas de hacer economía desde los territorios.
En ese sentido, Kurikancha interpela críticamente la normativa vigente, al evidenciar que la Economía Social y Solidaria (ESS) auténticamente plural e intercultural debe reconocer la diversidad de formas organizativas que existen en el país. Más alla de la legalidad formal, este tipo de experiencias exige al Estado un mayor compromiso con la flexibilización normativa, la protección del trabajo comunitario y el reconocimiento efectivo de las economías que nacen desde los pueblos. Kurikancha no solo es una experiencia productiva y cultural, sino también una propuesta política que desafía los límites de la institucionalidad actual.
